La crisis

De pronto el contacto con las personas empezó a molestarme. Considerando que siempre fui alguien de relación cercana, con activa participación en la vida comunitaria, resultó algo que sonaba extraño.

 

Empecé a sentirme mal. Sufría indigestiones casi cada día. A la vez me frustraba a cada rato, sin motivo alguno. Las sensaciones negativas no me abandonaban. No podía entender qué me sucedía.

 

Mi existencia, poco a poco, fue cayendo en un continuado de dificultades. Cada vez estaba peor. Las dudas no me dejaban avanzar, no lograba tener un pensamiento tranquilo.

 

Esto hacía que no durmiera, buscaba explicaciones que no encontraba. La mañana la empezaba enojado con todo y con todos. Y la culpa se me metió en la espalda y en los hombros.

 

Una pregunta surgió en mi interior con mucha fuerza, y el dolor de una descarga eléctrica: ¿Cómo fue que estar con personas, ayudar o ser solidario, algo de lo que siempre me había sentido orgulloso, de repente pasó a ser un problema, una molestia cada vez más incómoda? Pero además ¿por qué sufría tanto por ello? ¿Porqué? Todo eso fue sucediendo a lo largo de varios años, hasta hacer eclosión en 2009-2010.

De donde soy

Nací en la ciudad de Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Provengo de una familia comprometida con la justicia social, con la búsqueda de un mundo mejor, más humano, equitativo y fraterno. Desde muy temprano en mi vida, asumí una actitud y vocación solidaria, como también de interés por las cuestiones que preocupan a la comunidad de la que soy parte.

 

Fui delegado de curso en mi escuela secundaria, y más adelante, representé a colectivos en lo que participé. Durante la guerra de Malvinas fui partícipe directo, como soldado, en esa contienda. Me impliqué activamente en la búsqueda de una apertura democrática, ya que, en mi país de nacimiento, en ese momento, había un gobierno de facto. Por muchos periodos, llevé mi trabajo cotidiano en los servicios públicos, al mismo tiempo que mi compromiso social y solidario.

 

Entre el año 2002-2003 emigre a España, como en su momento hizo mi abuelo gallego, aunque a la inversa. Buscaba un nuevo horizonte en mi vida. Unos años atrás había perdido a mi padre, me divorcié, y debí asumir la nueva situación con dos hijos de corta edad. Fueron años complicados.

 

Ya en Barcelona, España, coordiné una ONG del área de inmigración y emigración, lo que compaginaba con mi trabajo en ese momento, que era visitar domicilios de clientes de una empresa de servicios públicos. Podemos decir que le había dado un vuelco a mi vida. Pero como explico al principio, algo se trastocó.

La depresión

Una situación nueva, y desconocida, surgió de forma que me obligó a buscar ayuda. Visité entonces a mi médico de cabecera, el que, un tiempo antes, descubrió que mi tensión arterial se había desbocado. Pedí consejo a una psicóloga, que me detectó un cuadro de agotamiento psicológico, entre otras cosas. Luego de unos meses, entre uno y otro, confirmaron un diagnóstico: sufría depresión.

 

A partir de ahí todo cambió. Tenía que ocuparme, hacer algo, y esa es toda una historia. Me costó mucho aceptarlo. Asumir que uno tiene depresión es muy doloroso. Pero al final lo hice. Inicié un tratamiento, quería curarme. Debo decir, y lo necesito remarcar, que mi vida es un antes y un después de la depresión.

 

El cambio

Encaré un cambio en la alimentación, incorporé la relajación, lo que produjo una reconexión con mi cuerpo. Con el apoyo de la psicóloga y de mi médico, empecé terapia. Trabajé en cuadernos y notas donde investigaba sobre lo que me sucedía. Leí mucho sobre el tema, quería aclararme.

 

Hice ejercicios en donde intentaba procesar, de una forma más sana, los pensamientos negativos, que en esos días “campaban a sus anchas” en mi interior. Utilicé el mindfulness como una nueva manera de ver las cosas, aprendí atención plena, y di los primeros pasos como participante en grupos de coaching.

 

Así fue que, en algún momento, comencé a estar mejor. El tratamiento, las nuevas enseñanzas, la forma distinta de relación con los acontecimientos acercaron a mi curación. Todo ese proceso, que no fue lineal, pero del que aprendí mucho, me llevó más de 2 años.

 

Pero pasó algo más, que se agregó a la curación, descubrí, o reinterpreté (para el caso es lo mismo) que mi existencia tenía un sentido mucho más profundo. Además de recuperar la alegría, y las ganas de vivir, quería contar, y contar lo que me sucedió. Nació en mí una profunda necesidad de que otras personas conocieran ese proceso que había vivido.

Momentos de Lucidez

Con muchas dudas al principio, tímidamente, sin tener muy claro hacia dónde iba, fue naciendo Momentos de Lucidez, Cómo superé mi depresión, mi primer libro. Haberlo publicado, con todo el esfuerzo que significó, y a la vez el descubrimiento de haber hecho algo útil, en especial para las personas que sufren, me convenció de que iniciaba una nueva etapa en mi vida.

 

Ayudar, eso que antes hacía de una forma, digamos, un poco desordenada, o en todo caso espontánea y sin preparación, encontró un nuevo significado para mí. Me di cuenta de que podía explicar, elaborar contenidos, y apoyar a las personas que la están pasando mal desde un lugar de alguien que los comprende. El paso siguiente fue organizarme.

 

Gracias a todos.
Helios Edgardo Quintas Diaz

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