GabrielJure

Gabriel Guillermo Jure nació en San Salvador de Jujuy, Argentina, se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires en 1984 y completó sus estudios de Psiquiatría y de Psicoanálisis en el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde fue Jefe de residentes. Por más de 20 años ejerció su profesión en la Ciudad Autónoma de Buenos aires y desde 2006 lo hace en su ciudad natal. Hoy, con motivo del lanzamiento del libro momentos de Lucidez en Argentina,  nos cuenta qué es la depresión.

Dr.  Jure: Más correcto que hablar de la depresión es hacerlo de cuadros depresivos, llamados también Distimicos y que se constituyen a partir de tres síntomas importantes. El primero, la disminución del deseo por cualquier actividad de la vida, el segundo, el insomnio y el tercero -más variable- es la disminución de apetito.

A eso se suman otros síntomas que forman parte de la serie depresiva, como es la  idea de ruina, en el sentido de pensar que lo que vendrá será peor. El pesimismo que padece un depresivo, lo hace  creer que todo el futuro será de días negros.

Otro de los síntomas complementarios son las ideas de culpa, en el sentido que se siente culpable del sufrimiento todos los seres queridos que lo rodean y de las desgracias del mundo también. Y el tercero, son ideas de destrucción de si mismo, acompañada –frecuentemente- de fantasías  de suicidio que, a veces, llevan a la consumación de la fantasía en un pasaje al acto, es decir, suicidarse.

Ud. Se refirió a cuadros depresivos. ¿Qué clases de trastornos de este tipo existen?

Dr. Jure: Tradicionalmente, se reconocen tres tipos de depresión. La depresión mayor o melancolía en sus distintos grados, que a veces, se ve acompañado de un síntomas contrarios a los habituales, como son las crisis hipomaníacas, donde hay una intensa aceleración, es decir, una imposibilidad de frenar la actividad psíquica y psicomotora.

Una segunda depresión es la reactiva, que es similar a un duelo, donde el cuadro depresivo en el que se cae es producto de una pérdida importante. Puede ser la pérdida de una situación afectiva, de una condición económica o del lugar físico donde se habita, como por ejemplo, cuando se debe emigrar,  y por sobre todo, si los motivos son forzosos como el exilio por persecución política o marginación social.

El tercer cuadro se llama depresión endoreactiva donde hay componentes endógenos metabólicos y componentes de una pérdida externa.

Siempre a este tipo de trastornos hay que diferenciarlos del camino de un duelo. El duelo es una etapa normal que cualquier  persona tiene ante la pérdida de algo significativo. A diferencia de los trastornos depresivos no se acompaña de culpa, sino que es un talante dolido. El duelo se caracteriza por el dolor y también la hostilidad por la pérdida de una persona o de una situación, que los psicoanalistas denominamos catectizado, es decir, a la que se le daba un lugar importante en el alma o en los afectos.

¿Cuantos de estos síntomas son necesarios para determinar que una persona sufre un trastorno depresivo?

El diagnóstico se hace por al menos dos del trípode de  síntomas: la pérdida de interés por las actividades de la vida y el insomnio –fundamentalmente- y se relaciona ya sea con la pérdida o con el aumento exagerado del apetito. Y los otros síntomas acompañantes se revisan y siempre están presentes, en general, de manera consciente o inconsciente.

¿Cómo se tratan estos trastornos?

Dr. Jure: El trastorno depresivo mayor, que es el más grave, hoy se trata además de con una psicoterapia profunda e intensiva, con el complemento medicamentoso sobre todo para aliviar síntomas como el insomnio y la hipoactividad o la falta de ganas para cualquier cosa. Entre los antidepresivos que se usan, hoy en día, se han descartado los IMAOS, que son inhibidores de la monoaminoxidaza por tener gran cantidad de efectos adversos y también por el avance de otras drogas más efectivas. Los dos grupos de antidepresivos que se usan en la melancolía son los tricíclicos y los inhibidores de recaptación de serotonina (IRSS). Hay un tercer grupo de antidepresivos que tienen una acción dual, es decir, que parte se comporta como tricíclicos y parte como inhibidores de recaptación de serotonina.

Además si la Melancolía se acompaña de ansiedad, es decir, un cuadro depresivo ansioso, es conveniente usar ansiolíticos de la mayor duración posible que pueden ser la benzodiazepinas u otros descubiertos recientemente, como la carbamacepina o la pregabalina. Esta ultima se está usando más frecuentemente por la vida media más prolongada que tiene.

En cuanto a la depresión reactiva, que el DCM4 la trata como Distimia, las psicoterapias que hasta ahora que han dado mejor resultado en su tratamiento son las del psicoanálisis porque resuelve de raíz el problema. En las depresiones reactivas, la elaboración de la situación que ha llevado a ese cuadro es mediante el uso de la palabra. Generalmente, no necesitan de medicación o la requieren en menor cantidad. Es verdad, que un trastorno reactivo difícilmente no se acompañe de insomnio y hoy con el avance de la psicofarmacología, es una lástima que se le dé mayor gravedad al trastorno depresivo reactivo por no tratar farmacológicamente el insomnio.

El trastorno bipolar, en cambio, es equivalente a un cuadro como el de la diabetes en la clínica médica tradicional, en el sentido en que una vez que es diagnosticada , más cuando se es insulino dependiente, se necesita el tratamiento de por vida. La bipolaridad, también es una enfermedad crónica y por eso es válida la comparación. Es verdad que desde que fue descubierta, primero como Psicosis Maníaco Depresiva  y luego diferenciada de la psicosis por el creador del psicoanálisis, se la incluye dentro de los trastornos narcisistas, como enfermedad maníaco depresivo y no como psicosis. Este tipo de trastorno debe tratarse de por vida, es decir, en forma crónica con medicación y psicoterapia, aunque se puede suspender la medicación en forma transitoria con controles seguidos.

A mi criterio y también porque el psicoanálisis exige dentro de sus reglas éticas la finalización del tratamiento, en los trastornos depresivos, sea menor o mayor, es conveniente que se llegue al alta del proceso psicoanalítico. Después serán necesarios controles periódicos para ver si no ha recaído en alguno de los episodios, ya que la recaída más habitual es en la fase de hipotimia, es decir, de las disminución de las capacidades psíquicas que se vuelcan hacia adentro, o sea a ese componente que los psicoanalistas llamamos narcisismo. Esto significa que las depresiones llevan a una retracción narcisista, donde se pierde el contacto con el mundo exterior y, por ende, interés con todo lo que lo rodea.

¿La depresión es una problemática individual o puede verse como un tema social?

Dr. Jure: En principio es un cuadro individual aunque hay situaciones colectivas, como por ejemplo, poblaciones que padecen depresiones sociales motivadas por algún tipo de acontecimiento histórico que implica la pérdida significativa de la autoestima de un pueblo: la derrota en un conflicto bélico, padecer una crisis económica devastadora, tener un acontecimiento del hiperpoder de la naturaleza que arrasa con una parte importante del país o de la población, entre otros.

¿Y qué pasa con el círculo social de la persona deprimida? Desde ese punto de vista no afecta al menos a pequeños grupos sociales?

Dr. Jure: Hay un falso concepto que motiva el comportamiento de los familiares y de los seres que conocen a esa persona depresiva,  y que es la idea mágica de que este trastorno es contagioso, hecho que de ninguna manera es cierto. Es por eso que muchas personas que están deprimidas son rechazadas y aisladas, lo que agrava el cuadro o, en otros casos, son tratadas por los familiares de forma violenta pensando que una persona se deprime a propósito o voluntariamente.

Desde esta perspectiva se confunde -muchas veces y socialmente- la vagancia con un la actitud de una persona que está deprimida. Los profesionales saben diferenciar estas dos situaciones porque no tienen las mismas raíces y no tiene el mismo discurso una persona desinteresada por falta de actividad o aburrimiento, que una persona deprimida.

¿Cuál sería el comportamiento adecuado entonces del círculo más cercano?

Dr. Jure: Reconociendo que la depresión no es contagiosa, los familiares tienen que ser un marco continente para ayudar a su superación, sobretodo cuando se trata de una Depresión Mayor o que forme parte del complejo Bipolar, es decir de depresión mayor mas episodios hipomaníacos. Este último tipo de situación tiene que ser medicada convenientemente y cuidando los efectos adversos de los medicamentos que pueden aparecer tanto para la hipomanía como para el trastorno depresivo.  Afortunadamente, la medicina ha avanzado mucho en esto, porque uno de los mayores riesgos de estos cuadros son las tendencias del pasaje al acto, es decir, la búsqueda y consumación de un suicidio.

¿En qué medida los libros narrados en primera persona como Momentos de lucidez pueden colaborar?

Dr. Jure:  En la literatura médica hay muy pocos libros escritos por los pacientes. Generalmente se tratan de situaciones de duelo, pero no de trastornos depresivos. Leer un libro de una persona que ha padecido un trastorno depresivo mayor recidivante ayuda a que la familia o la persona pueda tomar conciencia de que es una enfermedad.

Por otra parte, hay que señalar que en la formación de un psiquiatra o de un psicoanalista, este tipo de libros no son de lectura obligatoria. Sin embargo, e indudablemente enriquecen mucho, como pueden hacerlo los buenos libros de la literatura universal. Lo que pasa es que cuando uno empieza a tratar personas deprimidas y puede reconocer claramente los procesos psicodinámicos en juego, este tipo de libros es similar a escuchar a varios pacientes en tratamiento.

Pero este tipo de material puede colaborar, sin duda, en la revisión de  varios aspectos de ese núcleo que lleva, en algún el acaecer del vida, a caer en una situación de depresión. Un gran psicoanalista, que hizo un gran aporte sobre la depresión y la manía, que se llamó Abraham no padeció ningún trastorno depresivo, pero sí tuvo mucha capacidad de escuchar a pacientes que lo padecían. Pero no todos los terapeutas tienen esa virtud o esa posibilidad.

Un buen libro que describe lo que ha vivenciado una persona melancólica o bipolar, ayuda sobre todo a otros a entender que si es lo que están padeciendo, puedan decir: ¡esto lo tengo yo!.

Dadas las estadísticas mundiales de personas que padecen depresión y de la falta o el déficit en el tratamiento, qué innovaciones propondría Ud. en el sistema de salud de Argentina.

Dr. Jure: Las modificaciones que habría que hacer para un mejor tratamiento sería que haya más profesionales competentes y tratamientos adecuados que resulten de fácil acceso. Por un lado, y dado que la tarea del profesional es muy intensa, es indispensable que las Instituciones para las que se trabaja, los mantenga bien remunerados para que puedan desempeñarse más cómodamente y, por otro, el precio de la medicación que se usa  en los trastornos depresivos mayores debiera ser más accesible a la población en general. Hay muchos trastornos depresivos mayores que no se tratan por lo costoso e inaccesible que significa la asistencia científica a esa persona. Al no recibir el tratamiento adecuado, es factible que una persona deprimida pueda agravar su cuadro cayendo en trastornos adictivos como el alcoholismo, que muy frecuentemente acompañan a la melancolía-.

Los otros trastornos adictivos con estimulantes del sistema nervioso central se comportan de manera diferente. La adicción a la cocaína o a las anfetaminas o a drogas sintéticas estimulantes como el éxtasis y sus derivados actuales, cambian un cuadro mental por otro de igual o mayor gravedad. Esto hace que los trastornos distímicos, se transformen en un cuadro adictivo que no resuelven de ninguna manera la situación de base que es un trastorno melancólico o depresivo.

¿Qué pasa con los tratamientos aquí y en el mundo?

Dr. Jure: Argentina tiene mucha familiaridad con este tipo de dolencias y comparado con otros países, tiene una gran facilidad para “estados melancólicos”. Por esa misma razón, es muy probable que el entorno y hasta la persona misma no duden en realizar la consulta correspondiente, porque, si me permite bautizarlo, los argentinos respiramos aires depresógenos. De hecho, no es casual que el tango sea argentino. El tango surge, la mas de las veces, como consecuencia de situaciones de duelo o de melancolía. Es en este sentido una música melancólica, a diferencia de las de climas tropicales, que es más “maniaca”. Y lo mismo pasa con la música sinfónica, que como el tango, está, en muchos casos, motivada por estados melancólicos o depresivos. Afortunadamente, en Argentina las terapias sobre Salud Mental no son una conducta vergonzante y la gente no duda en consultar en la medida de sus posibilidades, para emprender un proceso de tratamiento y recuperación. Y eso ya es un principio importante.

Phone: +34 644 811 641
Pasaje Fatjó 2, Esc. A
08940 Cornellà de Llobregat, Barcelona, España